Sobre el desamor y dos tres obviedades más.
Todo empezó con esta frase de El séptimo sello:
Kärlek är den svartaste av alla pester och om man dog av den vore det väl någon glädje med kärleken, men den går nästan alltid över.
Calma. Si no le haces tanto al sueco, aquí la traducción aproximada:
El amor es la más negra de todas las pestes… si al menos uno pudiera morir de amor, habría algo de placer en ello, pero finalmente siempre se supera.
Esa frase es tan clara, que (seamos honestos) ya ni hay post que escribir, pero hoy tengo tantas ganas de decir obviedades que lo escribiré de todos modos.
Llega algún momento en el que uno aprende que el desamor no mata. Que una persona importantísima para ti puede zafarse de pronto de tu vida y que, un día cualquiera, su ausencia va a dejar de doler. Ajá. El problema es que saberlo no sirve de nada durante el proceso: duele igual.
La última vez que me enamoré como una loca, estaba dispuesta a dejarlo todo (¿a ir hasta el fin del mundo les gusta más? queda más melodramático, que al fin es así como uno se pone cuando se enamora) bueno, el punto es que estaba dispuesta a todo para vivir un heroico amor adolescente. La otra persona me dijo que no, que la neta pasaba y que me quería mucho y tal pero de fin del mundo nada. Yo por supuesto, tal y como está en mi naturaleza, hice un drama. Que no sirvió de nada. Ante semejante negativa, al menos hice prometer al objeto de mi amor que no desaparecería de mi vida (¿saben? por aquello de dejarla vacía y eso) porque de por si teníamos una linda amistad y después de complicarlo todo en una noche loca me horrorizaba la idea de perderle por completo. Objeto de mi amor (”objeto” jijiji) accedió, e incluso hizo la promesa de no salir de mi vida. Yo anduve por ahí tristeando y quejándome de tener el corazón roto (que el enamoramiento está lleno de tópicos ¿no les digo?) y Objeto anduvo por ahí evadiéndome un poco y cumpliendo su promesa un poco hasta que un día sucedió el milagro: dejó de importarme. Dejo de importarme si le veía o no, empecé a aburrirme con las largas sesiones de chat e incluso llegó el momento glorioso de no querer tomarle una llamada telefónica porque eso implicaba interrumpir lo que fuera que me encontrara haciendo. Y eso fue la versión de fin de mundo, mediocre y chabacana, que le tocó.
Al final uno sabe, igual que lo saben Bergman y el escudero Jöns, que el dolor del desamor no es un dolor que mate a casi nadie (va, ese “casi” excluye por supuesto a los suicidas) aunque si alguien viene y me lo dice cuando estoy en lo más álgido de la sufridera, es probable que le conteste con un muy poético chinga tu madre. De menos.
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oh! si. “Casi” nadie muere de amor. Y éstas seran obviedades, pero nunca están de más…
Muy bien, muy bien.
Felicidades por tu escrito, Botica. Con chispa … con buen humor … muy bueno … y hasta cierto.
Mucho, mucho.
“hasta” cierto? pero si la historia es verídica! (harto harto).
Nos cerramos a veces de tal manera, autocompadeciéndonos y lamiéndonos heridas por situaciones tales, que ese proceso se prolonga a veces más de la cuenta. Lo cual puede ser muy triste. Pero bueno, una vez que se ha salido del trance (ni que fuera médium, jaja) creo que queda una experiencia de vida. Queda en uno mismo decidir què tipo de lecciòn sacar de ello. O si hay alguna lección. Saludos!!!
Y para leer este post “in the mood” yo sugiero
http://www.youtube.com/watch?v=6CZS-MhYolE
“What do you get when you fall in love?”
no hubiera imaginado que esta entrada salio de algo del septimo sello, jajja pero quedo chevere, me gustó. (: